La línea que no debes cruzar

La delgada línea roja es una película coral que no consigue profundizar en los personajes, un intento artificioso de acercamiento a la condición humana. Los soldados de la compañía Charlie entran y salen de escena, están siempre ahí, pero no llegamos a conocerlos. Sí sabemos que el soldado Witt (Jim Caviezel) es un desertor capaz de sacrificios heroicos y que el sargento Welsh (Sean Penn), su personaje antagónico, es un pesimista que representa el desencanto por la vida. Sí, en efecto, eso es palpable desde un principio. Ahora bien, el film no va más allá, se queda atorado en ese punto, en protagonistas estereotipados cuya caracterización se basa en el uso de recursos demasiado fáciles y poco convincentes.

lineaLa acción se desarrolla en el año 1942, en el Frente del Pacífico. Los soldados norteamericanos de la compañía de infantería “C” de Charlie desembarcan en la isla de Guadalcanal para conquistar este lugar estratégico en medio del océano. Su objetivo principal será la toma de una colina desde la cual los japoneses pueden controlar la mayor parte de la isla.

En esta película, los diálogos son escasos y las explicaciones se introducen mediante flash-back reiterativos. Esto supone una contradicción si tenemos en cuenta que, tras profundas reflexiones existencialistas, se introducen imágenes repetitivas de la mujer que espera en casa la vuelta del soldado para que el espectador comprenda la gravedad de la pérdida. La balanza tiene que estar equilibrada. O bien se opta por explicar todo dando por sentado que el espectador necesita de una mano que le guíe o bien se apuesta por su capacidad de hilar y juntar piezas.

linea2El formato alegórico cansa y provoca que el espectador pierda el hilo argumental, poco definido desde el primer momento. No hay altibajos, apenas contrastes en esta película de trazado narrativo inestable. Su director busca superar los convencionalismos propios de la maquinaría hollywoodiense, olvidando detalles que delatan sus cimientos de Blockbuster. Un ejemplo claro es la muerte del soldado Witt a manos de los indígenas que representan desde el inicio la pureza de la naturaleza. Witt está rodeado, mira atónito cómo le apuntan mientras la cámara retrocede lentamente, todo ello aderezado con una música extradiegética extremadamente trágica. He aquí todos los ingredientes del melodrama hollywoodiense. Terrence Malick intenta romper esquemas dando palos de ciego.

Todo en La delgada línea roja es manido, exceptuando escenas como la del desembarco o la toma de la colina. Una voz en off diserta a lo largo de la película sobre la existencia humana y la relación del hombre con la naturaleza, sirviéndose al mismo tiempo como introducción de una crítica antibelicista. “¿Qué significa esta guerra en el corazón de la naturaleza? ¿Por qué la naturaleza lucha con ella misma? Esta terrible crueldad, ¿de dónde sale? ¿Cómo ha arraigado en el mundo? ¿De qué semilla, de qué arraigo ha nacido? ¿Y de quién es obra? ¿Quién nos mata?”. Es indudable que estas palabras tienen fuerza, las imágenes son poderosas, pero es el conjunto el que no funciona. Todo queda en el limbo difícil de categorizar.

linea3Con esta película, Terrence Malick intenta salirse de los cánones marcados por el género bélico, pero arriesgar no siempre es sinónimo de ganar. El abuso de insertos de imágenes del exotismo vegetal de la isla, acompañadas de reflexiones sartrianas en los momentos de mayor tensión, provoca desconcierto; es más, aturde antes de poder mascar su significado. Detener la acción antes de que culmine es una opción que pocos directores pueden permitirse. En cuanto a la parte filosófica, parece como si Malick hubiese tomado como modelo a directores como Peter Greenaway o Alain Resnais, para redefinir el concepto de poema visual en versión atrofiada.

La delgada línea roja es un zafio ensayo poético, una oda a la filosofía barata que no logra trascender en el mensaje crítico. En definitiva, Malick nunca debió franquear ciertas convenciones del género.

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